Fin de la experiencia en Marruecos. Testimonios e impresiones

Publicado en por Misioneras Oblatas de Maria Inmaculada

Aquí van algunos de los testimonios, impresiones, anécdotas y vivencias de algunos de los participantes de esta maravillosa experiencia. Ante todos agradecerles su colaboración porque sin ellos no hubiera sido posible todo esto. También agradeceros vuestras oraciones a los que no habéis podido estar en persona. MUCHAS GRACIAS A TODOS:

Testimonio Emma omi:


Me piden una reflexión sobre la experiencia de misión entre los más pobres que las Misioneras Oblatas hemos tenido con jóvenes este verano en Martil (un pueblo del norte de Marruecos, a 12 Km. de Tetuán).
Os la relato desde la capilla del Seminario de Málaga, donde me encuentro haciendo un master de Pastoral Familiar, tras haber pisado de nuevo España hace apenas 2 días. Ante el Señor sacramentado en el Sagrario y fijos los ojos en el Cristo crucificado que parece abrazar en esta capilla al mundo entero, me digo para mí: “¡Qué lujo éste de poder hablar cara a cara con el Señor presente en la Eucaristía! ¡Qué lujo poder contemplar la Cruz y en ella la máxima expresión del Amor de Dios por el hombre!”. No es que en este último tiempo, de misión entre nuestros hermanos musulmanes, no haya podido encontrar y contemplar al Señor ¡todo lo contrario! pero sí es cierto que en Marruecos –lugar de falta de libertad religiosa, donde “ser árabe” significa obligadamente “ser musulmán”—uno debe acostumbrarse a buscar, a encontrar y a contemplar al Señor de un modo nuevo: en el hombre (creado a imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, presencia suya).
De las experiencias más fuertes que los que allí estuvimos pudimos hacer fue la de “ver a Dios en la criatura” primero sintiéndonos sin duda a nosotros mismos, cristianos, presencia de Cristo Salvador en ese mundo tan necesitado de la presencia liberadora de Cristo pero, a la vez, pudiendo contemplar a nuestros hermanos musulmanes, pobres a los que el Señor nos enviaba –tan creyentes, tantas veces, que nos removían con su fuerte fe--, como imagen suya destinada a desvelarse con el tiempo.
 “¿Qué vais a hacer allí, si no podéis evangelizar? (aclaro que allí está totalmente prohibido todo proselitismo –el hecho incluso de llevar externamente el signo cristiano de la cruz--)” “¿No os da miedo, un cristiano entre musulmanes, en estos tiempos que corren?” Éstos son algunos de los comentarios que llegaban a nuestros oídos una y otra vez antes de hacer la experiencia. No negaré que la primera vez que uno trata de pasar la frontera –los alambres de espino así como los duros guardias parecen ser los protagonistas— uno se siente pequeño, débil, con miedo a lo desconocido y como palpando esa gran pobreza que supone la falta de libertad, pero cuando uno es capaz de atravesar con los ojos del corazón esa primera, segunda y hasta tercera impresión puede descubrir, más allá de las apariencias e incluso de la realidad que se despliega, todo un mundo amado por Dios y unos hombres que, tan necesitados de salvación como nosotros (ellos proclaman constantemente en su rosario la Bondad y Misericordia de Dios, que puede salvar al hombre), anhelan a Dios y su Salvación.
Muchas y variadas Gracias recibimos los que participamos (algunos implicados en 2 cursos intensivos (uno de “Salud e Higiene” y otro de “Español”) impartidos en dos Asociaciones del barrio marginal de Diza, y otros –la mayoría—en el campamento urbano especialmente dirigido a los niños del mismo barrio marginal (participaron cerca de 80): desde ver desaparecer nuestros prejuicios en el estrecho contacto con jóvenes musulmanes que nos ayudaban con la traducción en el campamento y con otros, pasando por percibir el profundo cariño y agradecimiento de niños, jóvenes y mujeres para con nosotros, y hasta en el compartir con los cristianos –laicos, religiosas y sacerdotes—que allí diariamente y en lo escondido se entregan. Como momentos especiales destaco la visita que el Arzobispo nos hizo para compartir con nosotros y celebrarnos la Eucaristía así como tantos momentos en que, comenzando nuestra oración matinal o nuestra Eucaristía vespertina, oíamos llamar desde la Mezquita a la oración.
Conclusión que saco: “Hagamos lo que hagamos –hasta lo más pequeño—sea todo BI ISM ALLAH –en Nombre de Dios—“.


Testimonio  de Fran:

Quisiera aprovechar estas líneas para daros las gracias por toda esa experiencia tan bonita que acabamos de disfrutar en Martil. Muchísimas gracias a las Oblatas por haberme invitado a participar en su momento, la verdad es que tenía muchas ganas de tener una experiencia así y el Señor me la ha regalado a través de vosotras, y sinceramente creo que ha sido tremendamente generoso conmigo... Muchas gracias por hacer que me sintiese desde el primer momento tan a gusto, no se me escapa que detrás de toda esa organización de actividades, oraciones, viajes, comidas, ... han habido muchas horas previas de trabajo, esfuerzo y dedicación para que todo saliese tan bien, así que por todo ello, mil gracias!! A nivel personal estoy convencido de que ha sido todo un Regalo del Señor poder vivir esta maravillosa experiencia, y encima con todos vosotros, y eso que en mi caso apenas han sido unos días, pero la intensidad de la experiencia ha sido muy grande. He intentado al igual que María, nuestra Madre, "guardar muchas cosas en el corazón" para meditarlas una a una ahora con mas tranquilidad, y eso intento estos días, para que todo lo que hemos vivido me haga fundamentalmente entregarme mas a Dios en mi día a día, con mi familia, amigos, en mi trabajo, con las personas necesitadas,... Poder "ver y tocar " a Jesús en cada uno de esos niños, en esas mujeres de las asociaciones, y de forma muy especial en cada uno de vosotros, a través de vuestras actitudes y testimonios cada día, ha sido algo realmente precioso e inolvidable. I


Testimonio de Nuria:


" Hace ya mucho tiempo que anhelaba poder tener una experiencia de misión y aunque bien cierto es que no es necesario viajar a África para acercarse a los más pobres, en Marruecos ha sido donde el Señor me ha ofrecido esta posibilidad, a través de las Misioneras Oblatas de María Inmaculada. En el barrio marginal de Diza he entendido la urgencia no sólo de erradicar la pobreza intentando cubrir las necesidades más básicas como la comida y dotarles de recursos materiales que posibiliten su formación en temas básicos como la salud y la higiene, sino también la urgencia de restaurar su dignidad como personas, como iguales, no como excluidos de su propia sociedad. Son muchas las imágenes que me quedarán grabadas para siempre, como la sonrisa arrancada gracias a un simple globo de la carita triste de dos hermanos poco acostumbrados a sonreir porque nadie se para a jugar con ellos mientras esperan sentados en la ventana a que mamá vuelva a casa o el entusiasmo de una pequeña de apenas tres años que te muestra orgullosa las chanclas (tres números mayores que su pie) que su mamá le ha puesto tras nuestra insistencia en lo peligroso que es ir descalzo. Pero lo que más me ha impresionado es su agradecimiento ante un gesto tan pequeño como es compartir parte de nuestro tiempo con ellos. Un agradecimiento sincero en forma de caluroso y prolongado apretón de manos, que expresaba más de lo que se puede decir con palabras, o en forma de invitación a un "donut" que estaba destinado a ser vendido en la playa como parte de los escasos ingresos familiares. De ellos he aprendido muchas cosas: lo poco que realmente necesitamos para vivir, lo sencillo que es expresar agradecimiento, lo fácil que es ser hospitalario incluso en la pobreza... Y en medio de todos nosotros he experimentado como nunca antes la presencia de Dios, de su Dios, de nuestro Dios, en definitiva de DIOS, escrito así, con mayúsculas. Y esta experiencia compartida con un grupo de misioneras y voluntarios jóvenes, alegres, entusiastas, incansables, pero ante todo movidos por el amor de Dios y comprometidos por su amor a Dios."

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sandra 10/29/2009 16:25


:¨)


Inma omi 08/18/2009 16:43

Doy gracias a Dios por todos los que ha puesto en mi camino, a los de España y a los de Marruecos. ¡¡¡¡¡¡Sois una bendición!!!!!!!. Viva la A.V.M :)donde Nuria es presidenta, Laura secretaria y yo la primera asociada ;). ¡qué grande es Dios!